martes, 28 de septiembre de 2010
jovenes que han marcado su vida
La dependencia del alcohol ocasiona grandes pérdidas a las personas y a sus familias. Pero un número cada vez mayor de expertos dice que el consumo excesivo total de bebidas alcohólicas es una amenaza aun mayor para la salud pública.
Efraín ya estaba borracho cuando se fue de la boda a las 2 de la madrugada. Fue "una buena boda", lo que en Costa Rica significa que sólo se sirvió alcohol fuerte. El muchacho de 21 años y algunos amigos se fueron a un bar cercano para tomarse el último trago de la noche, el sarpe. A las 5 de la mañana, uno de sus amigos pidió un taxi para que lo llevara a la casa. Allí, temblando y envuelto en toallas, se sentó en la alfombra cerca del baño y vomitó.
No fue sino hasta las 6 de la tarde cuando su padre lo encontró y lo llevó de inmediato al hospital. La pesadilla por fin terminó cuando un médico de la sala de urgencias le inyectó un medicamento para la intoxicación con alcohol.
Otro joven costarricense, Tadeo, fue a la playa a divertirse y a beber mucho junto con tres amigos. Después de tomar ocho cervezas cada uno, volvieron a sus casas por una carretera oscura. Un camión se les adelantó a toda velocidad y sus luces traseras les impidieron ver la curva que seguía. El auto de Tadeo se salió de la carretera y se estrelló contra un árbol. Tadeo, que quedó inconsciente y atrapado entre los restos del auto, se fracturó el cráneo y tres costillas, y estuvo en coma durante una semana.
En Costa Rica, al igual que en la mayoría de los países latinoamericanos, las bebidas alcohólicas casi siempre están presentes en las reuniones sociales. Se ofrecen en bodas y funerales, nacimientos y bautizos, para alegrar la celebración o para calmar las penas. Y en muchos hogares hay bares bien surtidos para animar las reuniones improvisadas
Efraín ya estaba borracho cuando se fue de la boda a las 2 de la madrugada. Fue "una buena boda", lo que en Costa Rica significa que sólo se sirvió alcohol fuerte. El muchacho de 21 años y algunos amigos se fueron a un bar cercano para tomarse el último trago de la noche, el sarpe. A las 5 de la mañana, uno de sus amigos pidió un taxi para que lo llevara a la casa. Allí, temblando y envuelto en toallas, se sentó en la alfombra cerca del baño y vomitó.
No fue sino hasta las 6 de la tarde cuando su padre lo encontró y lo llevó de inmediato al hospital. La pesadilla por fin terminó cuando un médico de la sala de urgencias le inyectó un medicamento para la intoxicación con alcohol.
Otro joven costarricense, Tadeo, fue a la playa a divertirse y a beber mucho junto con tres amigos. Después de tomar ocho cervezas cada uno, volvieron a sus casas por una carretera oscura. Un camión se les adelantó a toda velocidad y sus luces traseras les impidieron ver la curva que seguía. El auto de Tadeo se salió de la carretera y se estrelló contra un árbol. Tadeo, que quedó inconsciente y atrapado entre los restos del auto, se fracturó el cráneo y tres costillas, y estuvo en coma durante una semana.
En Costa Rica, al igual que en la mayoría de los países latinoamericanos, las bebidas alcohólicas casi siempre están presentes en las reuniones sociales. Se ofrecen en bodas y funerales, nacimientos y bautizos, para alegrar la celebración o para calmar las penas. Y en muchos hogares hay bares bien surtidos para animar las reuniones improvisadas
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